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‘Imatges’ que no son ficción

enero 17, 2010

Hay un territorio pasado y perdido. El lector lee y pasan los años. A veces se sorprende buscando, con nostalgia y desconcierto, un tiempo en que se encontró con aquellos primeros libros que lo hicieron entrar en un mundo más importante y más entero, más íntegro que éste. Pues bien, en este laberinto de lecturas, Carlos Ruíz Zafón recrea la Barcelona de la posguerra con magia visual, adentrándose en los recovecos que ella misma aguarda en sus calles fantasmales.

Las Ramblas

Barcelona es para Zafón, como lo que para un niño un caramelo. Su afición por la ciudad le viene desde pequeño, cuando atravesaba sus calles desde La Sagrada Familia hasta el colegio de Sarrià, en donde él estudiaba. Una ciudad que ha caminado intensamente entre sus pasos. “Me fascina su historia desde el XIX hasta la Guerra Civil y la posguerra. Me sucede algo similar con la historia de Nueva York del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. Estas ciudades, como el paisaje de mi colegio, pertenecen a un mundo gótico y tenebroso que es mi mundo como escritor”, ha confesado. Admite que a partir de sus novelas  se puede vislumbrar la Barcelona actual, pues “si miramos la letra pequeña y la grande, vemos que las grandes dinámicas de la Historia son como la marea, vienen y van, y siempre pisan sobre mojado”.

Y sí, no cabe duda de que posee vida propia: Barcelona respira en las calles y en los espacios imaginarios creados por el autor. Sin embargo, ¿qué papel desempeña?

Calle de El Raval

Eduardo Ruíz Tosaus parece muy convencido cuando señala que “en las tres novelas de Ruiz Zafón en las que Barcelona es el escenario principal (Marina, La sombra del viento y El juego del ángel) la ciudad se plantea desde múltiples perspectivas. Barcelona es la ciudad de lo mejor y lo peor, de los barrios altos y del Raval, del enigma y del recoveco, de las prostitutas y de los burgueses y sus palacetes, de lo gótico y lo absolutamente vulgar“. Sin embargo, cree que ” Zafón da una imagen de la ciudad que aparece ya en escritores contemporáneos (especialmente Eduardo Mendoza)”. De la Barcelona de Zafón destaca “la candidez de sus descripciones, con la imagen de los protagonistas de Marina descubriendo las calles o los palacetes de Sarriá y, especialmente, con la imagen de un padre que lleva a su hijo de la mano a descubrir un maravilloso cementerio de libros atravesando las calles de la ciudad”. Opina que “la Barcelona de estas pequeñas descripciones sí aportan una visión nueva de la ciudad en la literatura contemporánea”.

Claro está que el protagonismo de la Ciudad Condal impregna de un gran atractivo a sus novelas, pues esa atmósfera tan peculiar y fascinante nos transmite la idea de una “Barcelona que vindica imaginarios ya desaparecidos debido a la obsesión por la modernidad a toda costa”. Sergi Dòria conoce bien los escenarios de las novelas de Zafón, ya que, como ya he comentado en otra entrada del blog, publicó hace dos años ‘Guía de la Barcelona de Carlos Ruíz Zafón’, en la que accedemos a El Born, a el Raval, el Barrio Gótico, a el Pueblo Nuevo, el Ensanche, a la Bonanova; los lugares en los que hemos conocido a Daniel Sempere, a David Martín y a Óscar Dray, dónde se esconden El Cementerio de los Libros Olvidados o la librería de los Sempere. Todo ello se revela aquí y está al alcance de todos. Por eso, Dòria explica que “no estamos ante una Barcelona realista, pero sí como nomenclator de su memoria literaria. Una ciudad “mirada” a través de unos personajes con los que nos podemos identificar”.

La Barcelona de principios del siglo XX

El caso es que estas novelas nos hacen rememorar la Barcelona de la posguerra en la que la misería, el hambre y el estraperlo apabullaban las calles catalanas, ésas que Zafón, ahora con palabras, envuelve en una neblina ensoñadora gracias a unas descripciones nítidas que recrean una Barcelona fantasmagórica y espectral.

Aquí añado un documental de 1940 titulado ‘Barcelona, ritmo de un día’ del director de cine Arturo Román.

Nunca esperes al éxito. Él te sorprenderá

enero 11, 2010

“El éxito literario a gran escala es uno de los misterios sin resolver”, asegura Luis García Jambrina, profesor de la Universidad de Salamanca y autor de ‘El Manuscrito de Piedra’. Sin embargo, pese al enigma del que habla Jambrina, ése que oculta la receta mágica del éxito, ‘La Sombra del Viento’ resultó ser un hallazgo algo inaudito para todos aquellos buscadores de los tesoros literarios.

Con más de diez millones de ejemplares vendidos en 36 idiomas diferentes, Carlos Ruíz Zafón es el padre de una de las grandes revelaciones literarias de los últimos tiempos, de eso no cabe duda; pero… ¿a qué se debe su éxito?

Para Sergi Dòria “se debe a una forma de sensibilidad. Ruiz Zafón aporta una visualidad que proviene de su formación cinematogràfica y la expresa desde el clasicismo de la novela gótica. Su mirada, el empleo de las metáforas seducen al lector. La geografía que describe reaparece a través de esa mirada: en este caso, una Barcelona brumosa y estilizada”. Y nadie mejor que él sabe de lo que habla. Sergi Dòria es doctor en Periodismo, crítico del periódico ‘ABC’ y profesor universitario (¿qué más se puede pedir de una fuente?). Conoció a Zafón hace casi ocho años y entre sus colegas de profesión se dice de él que fue pionero en escribir con entusiasmo sobre ‘La Sombra del Viento’; por lo que le considero todo un zafonmaniaco. Fruto de esa relación con los libros y con el autor, nació ‘Guía de la Barcelona de Carlos Ruíz Zafón’, una guía literaria que surca calles y direcciones concretas de la ciudad y divide los caminos de los personajes de las novelas en ocho rutas, emanando así el frescor de la Barcelona más literaria.

Pero continuando con el asunto que nos ocupa, para  Eduardo Ruíz Tosaus, académico y crítico de literatura en la revista ‘Espéculo’, el éxito reside “en la dignidad literaria“. ” ‘La Sombra del Viento’ reunía multitud de aspectos muy atrayentes para un lector ávido de historias originales: una situación espacio-temporal adecuada, unos personajes bien desarrollados y una mezcla de realidad y ficción que no llegaba a la consecución de elementos sobrenaturales, de los que el lector puede estar cansado. Además, el ritmo in crescendo y el misterio de su argumento también supusieron otro punto de atracción de la novela. Quizá el mayor mérito de la historia residía en la amalgama de géneros, tonos y perspectivas tan utilizados que la hacían sorprendentemente original”. Se trataba, asegura,”de una novela sumamente pura, simple en el sentido positivo de los términos, rozando en algún caso la franqueza y sencillez de la novela juvenil”.

En este mismo sentido se sitúa Emilia Velasco Marcos, profesora de literatura de la Universidad de Salamanca. Entre todos los niveles literarios y narrativos que en la novela sobresalen, ella destaca uno: “el hábil tratamiento del tempo narrativo”. Afirma que si al argumento, a los personajes y al espacio no se le hubiera dotado de “un ritmo que atrapase al lector, se hubieran desperdiciado todas esas cualidades”.

Y entre tanto elogio narrativo, el enfrentamiento entre dos autores. Luis García Jambrina ha sacado tiempo entre sus clases de Literatura Española en la Universidad de Salamanca y su pluma literaria, para explicar, desde la perspectiva de un gran autor de novelas, donde habita el éxito anhelado por los escritores. Para él, las numerosas virtudes de la novela no acaban de explicar el éxito. ” En el caso de otros grandes éxitos literarios recientes, he podido detectar un fuerte componente feminista, pero no es este el caso. Para mí, “La sombra del viento” es, antes que nada, un gran homenaje al libro y a la lectura y a la literatura donde se mezclan de manera armoniosa la realidad y la imaginación”.

Y, después de todo, una cosa queda clara; y es que el éxito es, simplemente, lo diferente.