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No existen fronteras entre las artes

diciembre 30, 2009

Todo es literatura: imágenes de luz, de tinta o sonidos envolventes en la sala de conciertos de la mente. Por eso, Carlos Ruíz Zafón ilustra por momentos las palabras, en términos visuales, y las asocia a sonidos, a músicas y a las texturas de las regias letras que componen su placentero trono literario.

Él asegura que “quien controla la música tiene los corazones en la mano”. Cada melodía es un lenguaje narrativo con una riqueza de abstracción infinita. Está muy conectada a la arquitectura de la prosa y genera una interacción subconsciente entre sus dedos deslizándose en un suave piano y las letras escritas en ‘La Sombra del Viento’.

Las piezas de la Banda Sonora de ‘La Sombra del Viento’ oscilan entre la ascética sencillez de un George Winston, el lirismo más acidulado de un Michael Nyman y hasta algún arrebato de euforia spielbergiano tipo John Williams. Pese a que él, modesto, sólo compone para sí mismo, sin pensar que nadie le va a escuchar, el proceso de lectura de esta obra literaria tiene, desde hace seis años,  un atrezzo musical que sirve de telón a la historia; porque, ¿quién mejor que el propio autor para trasladar las sensaciones de su novela a inocentes notas musicales?

La veintena de piezas que componen esta Banda Sonora rememoran pasajes, personajes y los miles de momentos que descubrimos ensimismados en las peripecias de los Sempere, en el donaire de la Bernarda y la donosura que emana la personalidad de Fermín, o en el sosiego envuelto en la oscuridad de Clara Barceló. Toda una magia disgregada de la belleza del lenguaje que Carlos Ruíz Zafón emigra hacia el confín de la música al son de un piano reviviendo los placeres de una bonita pluma sobre un viejo papel rasgado.

Aquí  sólo dejo el principio y el fin de todo lo que se puede escuchar.

 

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Con un piano de cola desde un séptimo piso

noviembre 10, 2009

-¿Un juguete?… El piano.

Una sinfonía de sonidos pequeñitos, envolventes… dejando atrás la verborrea de la angustia y la depresión; intentando atraer símbolos mágicos a través de sutiles golpecitos sobre botoncitos negros impresos en sensaciones y conversaciones amenas entre aquello y quien no vino.

Para Carlos Ruíz Zafón, el piano no es sólo su aficción favorita, sino que lo convierte, con cada nota impregnada de misterio, en su juguete preferido. 

Asegura que aprendió piano como “quien maneja el teclado con método ciego” y pese a que compone sus propias melodías, lamenta el haber estudiado el instrumento por su propia cuenta.

Se relaja sintiendo el pálpito de sus suaves teclas y se emociona con la Bagatella No. 4 de Gerard Finzi, una pieza para clarinete y piano de un conjunto de cinco Bagatelles dedicadas al clarinetista Pauline Juler. Gerard Finzi fue un compositor inglés que mostró en sus obras una perefecta convinación entre palabra y música, quizá herencia de lo que Zafón transmite hoy en sus novelas: piano de letras.